lunes, 24 de noviembre de 2008

Gaston dijo...

Fue con una chica muy linda. Para decirlo en otras palabras, estaba tremenda.


Tenía 22 años ella, 29 yo. Era la cuarta vez que salíamos, sin que todavía ella aceptara venir a mi casa. Aquella noche fuimos a cenar a un resto-bar de Palermo “jolivud”. Volvimos al auto, y esta vez, me dijo “vamos” cuando la invité a mi casa.


Al llegar, puse música, luz baja, fuimos al sillón (había dejado mi casa ordenada pensando que esa noche se me daba), y empezamos a matarnos ahí mismo. La quise llevar a la cama. No quiso. Quise sacarle la ropa… pero me pidió que por favor apagara la luz… le daba vergüenza su cuerpo. En eso momento tendría que haber sospechado algo… porque nadie que no esté loco podría tener vergüenza de ese cuerpo. En fin.
Apagué la luz… y seguimos. Al ratito me dice que entraba un poquito de luz por la hendija de la persiana, y no le gustaba que la vieran… Oka, tratando de disimular mi mal humor, fui a cerrarla. Ese cuerpo valía la pena, pero a esta altura, podría haber estado con Antonini Wilson y daba igual. Tenía que imaginarme cómo era todo. Y no me gustaba. Pero bueno… pensé que sería el comienzo y de a poco se iría aflojando.


Por fin, la ropa voló. Y vinieron algunos minutos gloriosos. De besos, caricias, gemidos, calentura… un franeleo tremendo que hacía pensar que ella no era tan vergonzosa como decía. Pero duró poco, porque justo en la recta final, empecé a notarla distante. Rara. Y en eso, me aleja y me dice: “pará… no puedo más… estoy llena”. Yo tenía ganas de decirle “llena de qué, hija de puta si todavía no…” pero mentí mi mejor pose de chico comprensivo, y le digo: “qué te pasa… te sentís mal?”. Y ella, medio a punto de llorar, casi en medio de una crisis, me dice: “Comí mucho… estoy llena… estoy gorda… soy una vaca…”


Traté de contenerla… pero estaba en medio de una crisis. Y yo también, pero por otros motivos.


Terminamos ella metiéndose los dedos en mi baño, y yo viendo la repetición de Ferro-Los Andes en TyC Sports.

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