¡Ah! ¡Historias de mal sexo!
Si, si las hay... pero son ¡taaaan poco memorables! En fin... veamos...
Ella era ¡un verdadero bombon! Preciosa y con un cuerpo divino, nada exhuberante, pero si completamente armonioso y 100% deseable. También era inteligente y simpática, aunque un poco tímida. Pero se congelaba cuando empezaba a haber un poco de intimidad y no estoy hablando de sexo, me refiero tan solo un beso, a una caricia.
Eso debió ser clara indicación de que no debería llevar las cosas más lejos, pero ¡nooooo! Moría por ella y llevaría el asunto hasta dónde ella me lo permitiera ¡y me lo permitió!
Cuando le sugerí «¿Vamos a un lugar más tranquilo?» La idea era estar en un sitio donde ella se pudiera relajar, donde pudiera haber un poco de intimidad. La idea era ir despacio, besarnos lento y con pasión, ir conociéndonos, centímetro a centímetro, sin prisas y si, y sólo sí, los dos lo deasbamos y el momento resultaba ser el adecuado, hacer el amor.
Evidentemente, ella y yo, teníamos diferentes expectativas y no coincidimos en la interpretación del momento.
Apenas estuvimos solos me pidió que apagara la luz, que ya de por sí era tenue ¡Bang! Normalmente no hubiera sido algo malo, si se tratara de alguien con al menos una moderada habilidad kinética, pero ella no era así. Un poco de intimidad y ella se congelaba ¿y con las luces apagadas? ¡difícil distinguirla del resto del mobiliario!
Apenas me había dado vuelta, después de alcanzar el interruptor de la luz, ella ya estaba completamente desnuda y bajo las sábanas ¡Bang! ¿Y el previo? ¿Y los besos? ¿y las caricias? Con una voz que apenas pude escuchar sobre mi agitada respiración y un ademán casí indistinguible en la casi total obscuridad me instó a despojarme de mi ropa y acompañarla bajo las sábanas.
No era mi idea de intimidad ¡no es mi idea de intimidad! Pero aún se parecía mucho a la definición de sexo, sexo sin amor, sexo impersonal, esto es, pero al fin sexo, ¡ahí vienen los besos y las caricias! ¡y todo lo demás! O, al menos, eso fué lo que pensé.
Apenas me había quitado la ropa y estaba a punto de saltar a la cama y saltar sobre ella cuando me indicó que me pusiera un preservativo ¿¡qué!? ¿ya? ¿y los besos? ¿y las caricias? ¡Bang!
Obedecí si discutir y tan pronto me metí a la cama me colocó sobre ella e inmediatamente me movió a penetrarla. Tras un par de minutos -y visto que he conocido frascos de vaselina más entisiastas ante la espectativa del sexo- intenté darme la vuelta y hacerme a un lado, me pidió que continuara. Intenté explicarle que quizá no era el momento, que quizá... ¡me pidió que continuara!
Me esforcé en pensar en algo ¡en cualquier cosa! Que me permitiera seguir, que me ayudara a terminar. Y tras unos cuantos minutos más en los que lo único que rompió el silencio fué un levísimo gemido que ella emitía tras cada empellón, todo terminó. Me dí la vuelta y me quedé ahí, junto a ella, en silencio, en la obscuridad.
Cruzó suavemente su brazo sobre mi pecho y acercó sus labios a mi oido. Suavemente me preguntó "¿te gustó?" ¿¡Me gustó!? Quise decirle "¡Te amo!" Pero en vez de eso la bese en la mejilla, muy cerca de la comisura de la boca, y le respondí "¡me encantas!"
lunes 24 de noviembre de 2008
Generique dijo...
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